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Enemigos íntimos

Por qué algunas empresas olvidan la ética. Torpezas de estos tiempos modernos.

 

Cuando creíamos que ya no estaríamos más solos, descubrimos que la farsa culminó. Volvemos a estar más solos que nunca. Las tecnologías colaboraron con cosas muy buenas pero provocaron ciertos cambios en el comportamiento humano desde este humilde punto de vista. Quizás alguna vez alguien las ponga en una balanza y vea para qué lado se ha inclinado.

Disculpen si soy reiterativa, pero duele ver como empujaron los valores, la palabra, la conducta comercial al fango. En la mayoría de las empresas, fábricas o multinacionales, la ética no existe más. Arrasar para cumplir los objetivos. Pero en esta jungla olvidan que se puede hacer negocios sin avasallar al otro. Los diferentes medios tecnológicos ayudaron a que queden más expuestos los que realizan este tipo de “comercio”. El sálvese quien pueda está a la orden del día. Las que hoy son “grandes empresas”, fueron haciéndose junto a la evolución de sus propios productos sí, pero a la par de quien primero les abrió sus puertas a lo largo y ancho del país. Los distribuidores y los minoristas que poco a poco fueron agregando sus cosas. Los lazos comerciales que se entablaron hace muchísimos años con cada uno de ellos quedaron sumergidos en una escala de grises propios del agujero negro de estas economías burdas. Los treinta o sesenta años de prestigio que alguna vez adquirieron, desde mi opinión emigraron hacia la bolsa pero de residuos. En los últimos años la mayoría de los fabricantes de casi todos los rubros salieron a vender directamente al público. Esto no es objetable. Lo que no es justo es que muchos los venden a un precio menor de lo que llega al mostrador minorista. O sea, algunos fabricantes venden a un precio menor de lo que lo paga un minorista y muchas veces un mayorista. Y uno se encuentra con publicaciones que dicen: tal artículo el precio sugerido es tanto y lo encuentra en una reconocida plataforma o en la propia. Entonces nos preguntamos los que estamos en medio de esta trama de comercialización, ¿nos toman por estúpidos? Ponen un precio sugerido que no es real. Y todos los que adquirimos en mayor o menor medida sus productos los cuales mantenemos en los estantes, (nuestros enemigos íntimos), cuidándolos, exhibiéndolos, recomendándolos y ofreciendo en nuestros locales recibimos la peor parte, soportar que los clientes vengan con el telefonito y nos digan señalándonos con el dedo “acá lo venden a este precio.”

Muchos distribuidores decidieron concluir sus acuerdos con esas “empresas”. Otros callaron por la gran inversión asumida entre otras cosas. Prefieren seguir el juego de los tiempos modernos. ¿Soportar los manoseos de las multinacionales que se autodenominan “líderes”? A veces es peor tener que bregar con las entregas, (te vendo lo que quiero y cuando quiero porque ya no te preciso, depositá y esperá…). Señores: compitan con otros fabricantes, pero no con quienes comercializan sus cosas. Después cada uno de nosotros competirá con su similar. ¿Algunas empresas recordarán cuando pedían por favor que vendieran sus productos? Y ahora parece que molestamos, tanto las nacionales como las extranjeras. Los distribuidores llevaron sus productos a cada rincón del país, a cada comercio chico o grande, además preservando su exclusividad. (Aquí nos referimos sólo a los distribuidores que mantienen su palabra, no a los otros). Me pregunto, si querían cambiar su manera de vender, no hubiese sido más digno decir no trabajaremos más de esta manera. Pondremos un millón de tiendas propias en todo el país, o una encima de la otra, o lo que fuese ¡pero sean honestos…! Paupérrimo estos tiempos de cambio. Los valores de capital que posea cada una, no condicen con el valor moral y ético a la vista de las personas.

Los comerciantes hace rato que estamos practicando el hartazgo. Aunque para nosotros es más fácil elegir qué vender y que no, porque no somos exclusivos de ninguno. El rechazo que produce que una empresa haga esos artilugios para lograr sus metas es abominable para mi gusto. Una vez un allegado me dijo, si dejamos de comprarles a tantos ¿qué vamos a vender? Siempre habrá otros. Siempre va a haber otras marcas para vender o si no, nos dedicaremos a otra cosa. A esta altura ya es lo mismo. Estamos acostumbrados a nadar en el charco, a veces nadamos en un río, pero siempre aparece uno que se equivoca y cierra la compuerta y sólo unos pocos llegan al mar. Cambiaron las formas de comercializar dirá un especialista en gestión; ¡hay que reinventarse! ¡Reinventarse!! Esto es un cuento sin fin. Economistas: no se logra una buena gestión cuando la misma no viene protegida desde donde la sucumben. Es mucho más triste que nos acostumbremos a que la ley de la oferta y la demanda hayan quedado estrujadas en el olvido. Las malas decisiones políticas arruinan a todos los proyectos e inversiones, lo sabemos, pero hay procederes. Aunque la comercialización sea globalizada la ética y el respeto por el otro jamás se deben perder. Internet nos está devorando a todos y por ello no le queda mucho tiempo. Señores empresarios, Pymes, corporaciones y afines, que los algoritmos, no les quiten el sentido común.

Hasta la próxima!

Nota: Este comentario fue efectuado para que ingrese en la memoria digital, sólo para ese fin. Una opinión desde un blog no resolverá lo que no tiene retorno, pero quizás sirva en el futuro, dentro de miles de años que alguien descifre uno de los tantos raros comportamientos humanos cuando descubran que alguna vez entre ceros y unos, antes había una sociedad, y sobre todo, existían los valores y el respeto hacia el otro.